Se ha vuelto a lanzar desde el gobierno esta iniciativa que, así como está planteada, apela una vez más a la buena voluntad del consumidor para comprar producto hechos en el país. Si bien es cierto que ahora se menciona con más frecuencia que ante productos de igual calidad y precio se debería optar por el peruano (lo cual suena razonable), la campaña tiene varios problemas. Uno de ellos es ¿qué es un producto peruano a los ojos del consumidor? y otro, vinculado al primero, ¿conoce el consumidor qué productos son peruanos?. Los estudios demuestran que la gente no sabe del origen de muchos productos. Un tema más de fondo es que durante años se ha considerado que los productos hechos en el Perú, en general, son de mala calidad y eso, la campaña, no lo aborda de manera frontal. Aunque no sea la intención, el mensaje subyacente es el de “por favor, cómprame, aunque sea peruano porque aunque no lo creas, soy de calidad”.
De acuerdo a los estudios que desarrollamos en Conecta, la gente, no importa su nivel socioeconómico, compra siempre buscando un equilibrio entre calidad y precio. En algunos casos podrá pesar más el precio y en otros la calidad pero la persona más humilde lo que compra es el mejor producto dentro del rango de precios que ella pueda pagar. En un estudio entre amas de casa, el país de origen era la cuarta consideración luego del precio, la calidad y la marca. Por lo tanto, lo que se debería hacer es concentrarse en las experiencias de éxito que permitan comunicar, en la práctica, que sí hay productos peruanos de alta calidad. Para que el consumidor aprenda y generalice esta actitud tendría que tener suficientes experiencias directas o indirectas de este tipo. De nada sirve que se tenga cuatro productos bandera si el resto de la producción sigue siendo de mala calidad. Debido a ello, en lo que debería estar concentrado Produce es en definir un sistema de certificación de calidad que sea todo lo estricto que sea necesario para que la empresa que tenga el logo certificado pueda comunicar, ahí sí con el mayor orgullo, que son de calidad hecha en el Perú. En la campaña anterior no hubo control alguno sobre el logo de certificación y recuerdo por lo menos tres tipos diferentes. Esos mensajes confunden al ciudadano. Certificar y comunicar sobre el proceso en sí, así como sus resultados, debería ser una prioridad porque eso es lo que, en el largo plazo, debería cambiar la actitud de la gente hacia los productos hechos en el Perú. Tendría que ser una campaña donde los empresarios deberían estar buscando ser certificados y los consumidores tendrían que saber de la rigurosidad e importancia de esa certificación. Todo eso toma tiempo y una organización que lo soporte. Asuntos aparentemente alejados de la buena voluntad de estos días.
Elaborado por Hernán Chaparro
Gerente General
Gfk Conecta SAC
Publicado en Día 1 – El Comercio
16 de Febrero del 2009