Varios economistas han vuelto a revisar sus estimaciones de crecimiento para este año y más de uno se pregunta cómo así esta crisis no ha impactado mucho en el consumo a pesar de que el PBI ha bajado. Lo que ha pasado con el empleo, las estrategias de los mismos ciudadanos (para consumir y generar ingresos en crisis) así como la mayor oferta de crédito pueden explicar buena parte de este proceso. Lo primero que hay que ver es que, en términos comparativos, el crecimiento de la economía estuvo impulsado más por la inversión que por el consumo. Un ejemplo claro es el desarrollo del sector del retail moderno (tiendas por departamentos, supermercados, centros comerciales, etc.) donde las inversiones fueron muy fuertes antes de la crisis, abriendo mercados ya no solo en la Lima Tradicional sino en zonas de la periferia y en provincias. Buena parte de esas inversiones, se han paralizado o postergado pero el espacio ya está abierto y la gente está yendo a las tiendas que se abrieron. Ahí se ve esa contradicción entre la inversión parada o desacelerada y el consumo que encuentra nuevas formas de expresarse (y formalizarse). Para explicar esto, se debe tomar en cuenta que esta crisis no ha repercutido, al menos en Perú, en una pérdida masiva de empleos en el corto plazo. Ha crecido menos pero ha crecido y en el corto plazo eso ha ayudado. Es cierto que de seguir así esta falta de crecimiento del empleo sí podría redundar en una baja en el consumo pero ese es un tema futuro. También está el hecho de que la estructura del gasto, en especial de los hogares C, D y E; tiene un fuerte componente de productos básicos. La gente a reemplazado marcas premiun por marcas que ofrecen algo parecido de menor precio, ha espaciado consumos, consume menor cantidad pero gasta la misma cantidad de plata (“compro menos pan pero igual, un sol de pan”) y demás estrategias para ajustarse pero nada dramático, sigue consumiendo sus productos básicos. Por otro lado, para defender los ingresos, las familias más pobres han echado mano de un sinfín de recursos adaptativos, aprendidos en largos años de carencia (cachuelos del esposo, trabajo del ama de casa dentro o fuera de la casa, contribución de los hijos, etc.) donde la economía informal hace de inmenso colchón. Por último, está lo que Jurgen Schuldt señaló hace poco, el aumento del crédito: así como se sembró centros comerciales y cadenas diversas, se sembraron miles de tarjetas entre personas que tenían una capacidad de consumo y pago frágil y no accedían a la banca. Si algo claro queda de este proceso es que la relación entre el PBI y la percepción de bienestar de la gente es más que laxa y que por lo tanto es urgente pensar en indicadores complementarios que sean útiles para el análisis y toma de decisiones.
Elaborado por Hernán Chaparro
Gerente General
Gfk Conecta SAC
Publicado en Día 1 – El Comercio
28 de Septiembre del 2009